Con el nuevo año os propongo unas cuestiones y planteamientos. Seguro que no es la primera vez que los escucháis, pero os pido que os paréis y reflexionéis en cada uno de los puntos. Después, plantead entre uno y tres objetivos concretos para el año con las conclusiones que hayáis extraído. ¿Aceptáis el reto?
domingo, 8 de enero de 2017
sábado, 31 de diciembre de 2016
viernes, 23 de diciembre de 2016
A PROPÓSITO DEL HYPERPARENTING
Las mejores intenciones y la búsqueda de la mejora puede llevarnos a los educadores al exceso. En nuestra opinión eso es lo que ocurre con tendencias como el hyperparenting que conduce a los padres a confundir estar informados y ofrecer a los hijos estímulos que favorezcan el aprendizaje y el crecimiento con ser padres que lo sepan todo y que crían hijos perfectos. Querer alcanzar la perfección, creer que se puede abarcar todo es agotador.
Alvin Rosenfeld y Nicole Wise definen hyperparenting como el estilo de crianza que "sobre enriquece" el ambiente en el que crece el niño de manera que sus actividades tienen que estar perfectamente "agendadas" para que les dé tiempo a hacer todo aquello que se considera necesario para su máximo desarrollo. Los padres y los niños acaban exhaustos.
La educación tiene como objetivo final conseguir que nuestros educandos se conviertan en seres independientes, autónomos, que sean conscientes de sus fortalezas y debilidades y busquen su propio desarrollo para su felicidad. La presión y el cansancio no favorecen la curiosidad por aprender y por desarrollar las propias habilidades. Si un niño no tiene tiempo de jugar, no va a descubrir qué es lo que realmente le gusta ni en qué es bueno ni cómo puede conseguir las cosas por sí mismo... Si un niño tiene que cumplir exactamente todo lo que le marcamos puede sentirse presionado para no fallarnos a nosotros en vez de hacer las cosas para él. Si le solucionamos todo pensará que siempre habrá alguien que resuelve los problemas y no buscará la manera de hacerlo.
Y, ¿qué hacemos? Pensemos, utilicemos el sentido común, seamos equilibrados. ¿Qué os parece las siguientes propuestas?:
- Somos responsables. Cuidamos de nuestros hijos lo mejor que sabemos sin olvidar que nosotros somos los adultos. Buscamos el equilibrio entre la sobreprotección y el abandono.
- Somos respetuosos con nuestros hijos y con nosotros mismos. Los niños necesitan que tengamos en cuenta sus tiempos y sus necesidades. Nosotros también las tenemos y hemos de cuidarnos para que nuestra salud y nuestro estado de ánimo nos permitan seguir dando lo mejor a nuestros hijos.
- Priorizamos según nuestra escala de valores. Si no se puede hacer todo, habrá que elegir qué es lo mejor en lo que podemos invertir.
- Escuchamos a nuestros hijos. Les enseñamos a expresarse, a pensar.
- Damos espacio y proporcionamos autonomía. Dejamos que hagan las cosas que pueden hacer por sí mismos y, también, les abrimos el espacio que necesitan como individuos.
- Ponemos límites. Escuchar no significa que los niños o tengan que conseguir todo. Ejercemos como padres responsables cuando les marcamos hasta dónde pueden llegar, les aportamos seguridad y estabilidad.
domingo, 25 de septiembre de 2016
MINDFULNESS PARA MAYORES
Alguien me preguntó por los beneficios de la práctica de la atención plena para los mayores. Respondí que los mismos beneficios. Sin embargo, esa persona me hizo notar que igual que se trabaja la meditación de una manera específica en los niños y en los adolescentes, también se podría hacer algo dirigido a las personas de mayor edad.
Me he puesto a trabajar en ello y, aunque no hay mucha bibliografía al respecto, creo que se pueden hacer muchas cosas. Me ha llamado la atención la experiencia del doctor Salvador Casado el respecto.
De momento, os dejo este gráfico. Espero que os sirva.
sábado, 24 de septiembre de 2016
MINDFULNESS EN EL PUEBLO
Situar la práctica de la atención plena en la naturaleza es un gran acierto. Compartir con personas interesadas en ella, en la meditación en general, en mejorar su vida y la de los que tienen alrededor... eso es un lujo.
Este lujo lo vivimos este verano en el pueblo de Luzaga (Guadalajara) donde tuvimos la oportunidad de realizar un pequeño taller con todos aquellos que sintieron curiosidad y quisieron acercarse junto al río. Allí expusimos lo que significa Mindfulness, cuáles son sus beneficios y cómo se puede empezar a practicar. Allí disfrutamos de un espacio tranquilo y hermoso en el que aquietamos nuestros pensamientos y preocupaciones para concentrarnos en el momento y estar presentes.
Muchas de esas personas me agradecieron el taller y desde aquí les agradezco a ellos su participación enriquecedora y deseo que la atención plena les aporte un poco más de bienestar a sus vidas.
¡Gracias a todos y hasta la próxima!
miércoles, 25 de mayo de 2016
EL PODER DE LAS PREGUNTAS
Decimos, a menudo, que queremos que los niños y los adolescentes piensen. No son pocas las veces que nos escandalizamos porque vemos lo obvio de sus errores, de sus acciones o inacciones, y espetamos un "¿Es que no piensas?"
Especialmente en esta época de final de curso, los estudiantes sufren nuestro asedio en cuanto a lo poco que utilizan su cabeza para cosas que nosotros consideramos interesantes, importantes o imprescindibles. Sabemos que luego se lamentarán si no nos hacen caso, así que les repetimos una y otra vez lo que tienen que hacer.
Quizá, solo quizá, podríamos pensar por un momento en que nuestra motivación nos pertenece a nosotros, no a ellos. Si queremos que encuentren las suyas les tenemos que hacer pensar a ellos. Un buen estímulo para conseguirlo es la pregunta. En lugar de ponerlos a la defensiva con una ristra de cosas de deben hacer y no hacen, recriminaciones o amenazas, podríamos plantearnos llevarlos a nuestro terreno. Nuestro terreno es el terreno de los que nos preocupamos por su futuro y sus intereses, así que deberíamos estar en el mismo bando.
Digo que las preguntas son poderosas porque:
- Nos acercan a nuestros hijos o alumnos. "¿Cómo llevas...?", "¿Qué es eso que tanto te cuesta?", "¿Cómo podría yo ayudarte?"
- Consiguen que se tengan que plantear las cosas, que piensen, que busquen alternativas y soluciones: "¿Cómo puedes conseguir...?", "¿Con qué opciones/recursos cuentas para...?", "¿Qué necesitas?"
- Hacen que los jóvenes sientan que se tiene en cuenta su opinión: "¿Qué quieres hacer al respecto?" De este modo, se responsabilizan.
- Despiertan su curiosidad.
- Favorecen su autoconcepto y la motivación intrínseca. Con este tipo de emociones están preparados para aprender.
- Predisponen a la colaboración.
No se trata de preparar un interrogatorio y, por tanto, el tono ha de ser de interés sincero. Dejémosles tiempo para pensar y contestar. Si ellos no encuentran las respuestas que necesitan, proporcionemos la confianza para que nos pidan nuestra opinión. En ese caso, más que dar una respuesta rotunda y rápida, les podemos dar opciones -incluso las que son descabelladas pueden servirnos, porque ellos son jóvenes, pero no tontos y saben cuáles hay que descartar- y escuchar las suyas. Si algo no nos parece bien o adecuado a su edad, esperamos a que se expliquen y luego, con sinceridad, pero sin desprecio, les decimos lo que pensamos de ello y por qué.
Si queremos que confíen en nosotros, evitaremos el sarcasmo o el "te lo dije" con el fin de que se sientan seguros.
Si somos capaces de plantearles las preguntas adecuadas abriremos su mente y conseguiremos que nos vean como aliados de lo que es su propia responsabilidad. Así la motivación será suya y podrán encontrar la manera de actuar en consecuencia.
Esta es una de las herramientas del coaching educativo que nos puede ayudar a llegar a nuestros estudiantes de una forma más eficaz y afectiva.
domingo, 24 de abril de 2016
10 IDEAS QUE INSPIRAN, PARA PADRES DE ADOLESCENTES
Tener un adolescente en casa suele ser un generador de nuevas situaciones que, a menudo, generan conflictos en las familias. Lo primero que cabe señalar es que el conflicto es consustancial a la convivencia, de nada vale demonizarlo, sino afrontarlo y solucionarlo. No importa cuántos conflictos surjan, lo que importa es encontrar una solución válida para cada uno de ellos.
Aun así, unos padres se pueden sentir desbordados, confusos, en muchas ocasiones. Es por ello que proponemos aquí algunas ideas para inspirar vuestras respuestas a las situaciones con las que os enfrentáis día a día:
- Ser. Aunque hay muchas cosas que no puedes controlar de la vida de tus hijos, sí puedes actuar sobre la tuya propia; si tu hijo percibe en ti ciertas actitudes, un deseo constante de mejora y aprendizaje, serás su ejemplo. Los hijos nos aprenden.
- Proponer. Ofrecer opciones que consideres válidas, sin imponer. No es necesario que estén de acuerdo con todo ni que se apunten a todos los planes que te parecen estupendos. Tus propuestas pueden servir para iniciar un diálogo en el que tu hijo te explique lo que prefiere.
- Comunicarse de manera afectiva. Implica escuchar de verdad para que la otra persona se sienta valorada y comprendida aun cuando no compartáis la misma visión de las cosas. Se descubren muchos puntos comunes. No olvides que tu experiencia vital puede servirle a él y hacer que te vea desde una perspectiva más cercana.
- No juzgar. Si tu hijo se abre a ti, aprovecha, le puedes dar tu punto de vista, pero intenta no convertir vuestros diálogos en juicios. Recuerda que los gustos cambian, las opiniones evolucionan y los aprendizajes se van integrando poco a poco. Permite que el adolescente vaya descubriendo.
- Dejar elegir. Negociar, imponer lo menos posible. Esto no significa que no tenga que haber unos límites -de hecho, a pesar de que se rebelan contra ellos, siempre se sienten más seguros cuando conocen esos límites-, sino que estos tienen que estar claros, en la medida de lo posible, consensuados y las consecuencias establecidas lo más pegadas a lo natural que se pueda. Si ellos han elegido, se tendrán que ser consecuentes.
- Confiar en ellos. No hay que evitar el error a toda consta, porque es parte del aprendizaje. Es también la manera de fomentar la responsabilidad. Además, si ven que confías, ellos también confiarán en ti.
- Conectar con el adolescente que fuiste. No se trata de convertirte en uno de ellos y dejar tu papel de padre, sino de empatizar y, con perspectiva, ver la evolución de tu propia vida.
- No entrar en competición. Si no hay que olvidar quién es el adulto, es también para evitar entrar en un bucle a ver quién puede más. Si enseño intransigencia, el adolescente será intransigente. A veces, aunque quieran, no saben volver atrás.
- Descubrir lo positivo de la adolescencia. Esta etapa se suele presentar como un momento negativo que hay que pasar rápido. Ellos, sin embargo, están construyendo su personalidad y hacerlo desde esa negación les puede entristecer aún más. Hay que darse cuenta de que la adolescencia también es una etapa de descubrimiento y de aprendizaje, de construcción e investigación, apela a su curiosidad e invítale a que tome las riendas con entusiasmo.
- Ser creativos. Cada persona es un mundo, las fórmulas que sirven para unos no sirven para otros. Observa atentamente a tu hijo y toma decisiones especiales.
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